En la primera etapa de su gira sudamericana, el papa León XIV abordó la pobreza, el trabajo, la salud, la educación y los efectos de la inteligencia artificial. También defendió la dignidad humana, pidió una distribución más amplia de los beneficios económicos y cuestionó la indiferencia frente a la violencia y la exclusión. Su visita a Uruguay incluyó encuentros con autoridades, comunidades vulnerables y miles de fieles.
El papa León XIV inició su gira por América Latina con una visita a Uruguay, donde pronunció una serie de discursos de contenido religioso, social y político. Sus intervenciones abordaron los desafíos de las sociedades contemporáneas, desde la desigualdad económica hasta las transformaciones del mundo laboral.
El pontífice llegó al Aeropuerto Internacional de Carrasco, procedente de Roma, después de un vuelo de aproximadamente trece horas y media. Allí fue recibido por el presidente uruguayo, Yamandú Orsi.
Posteriormente, se trasladó a la Plaza Independencia de Montevideo. En ese lugar participaron de la recepción los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Luis Lacalle Pou.
Durante su primera intervención pública, León XIV tomó como referencia la historia uruguaya y el monumento a José Gervasio Artigas para desarrollar una reflexión sobre la democracia, la responsabilidad de los gobernantes y la dignidad humana.

León XIV: la economía debe beneficiar a toda la sociedad
Uno de los ejes centrales del discurso papal fue la relación entre crecimiento económico, distribución de la riqueza y bienestar social.
León XIV reconoció la importancia de las inversiones y de la actividad económica, tanto estatal como privada. Sin embargo, sostuvo que el desarrollo no puede evaluarse únicamente por la generación de riqueza.
“La creación de riqueza, la inversión y la iniciativa económica —tanto pública como privada— son necesarias para el desarrollo de un país, pero sus frutos han de traducirse también en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos”.
El pontífice vinculó esta posición con las desigualdades existentes dentro de una misma sociedad. Señaló que las personas parten de condiciones diferentes y no disponen de los mismos recursos para construir su futuro.
Desde esa perspectiva, planteó que las decisiones económicas tienen consecuencias directas sobre las condiciones materiales de vida de las familias.
También sostuvo que el valor de una persona no puede medirse por su capacidad de producir, trabajar o desenvolverse sin ayuda.
Para fundamentar esa afirmación, recuperó un concepto de la encíclica Magnifica humanitas:
“La dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada”.
Inteligencia artificial: una advertencia sobre el futuro del trabajo
Las transformaciones tecnológicas ocuparon otro lugar destacado en los mensajes del Papa.
Durante su discurso en la Plaza Independencia, León XIV defendió una concepción del trabajo centrada en las personas y no exclusivamente en la productividad.
Recordó una enseñanza de Juan Pablo II: el trabajo debe estar al servicio del ser humano y no a la inversa.
En ese contexto, advirtió sobre las consecuencias que puede tener la incorporación de inteligencia artificial en los procesos productivos.
“El desarrollo de estas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”.
El planteo papal situó el debate tecnológico más allá de sus ventajas operativas. También introdujo la necesidad de considerar sus consecuencias sociales y laborales.

La educación frente al avance de los algoritmos
En un encuentro con referentes educativos de la Universidad Católica del Uruguay, León XIV profundizó sus reflexiones sobre la inteligencia artificial.
Allí sostuvo que una de las tareas urgentes de la educación consiste en orientar el uso responsable de estas herramientas.
Propuso colocar a las personas por delante de los algoritmos y combinar los conocimientos técnicos con las capacidades emocionales, sociales, espirituales y ecológicas.
Además, cuestionó lo que describió como un proceso de deshumanización.
Según explicó, existe una contradicción entre el reconocimiento de inteligencia a los sistemas informáticos y las dificultades de las sociedades para respetar la dignidad de todas las personas.
El pontífice relacionó esa contradicción con la exclusión de quienes dejan de ser considerados productivos.
Su reflexión retomó uno de los conceptos recurrentes del papa Francisco: la cultura del descarte.
Salud pública, pobreza y suicidio: el llamado a no abandonar a los vulnerables
La necesidad de garantizar el acceso a la atención sanitaria constituyó otro de los puntos centrales de sus intervenciones.
León XIV hizo referencia a su propia experiencia reciente con una enfermedad y agradeció los cuidados recibidos.
A partir de esa situación personal, expresó su preocupación por quienes carecen de recursos para acceder a diagnósticos y tratamientos médicos.
“Procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona, independientemente de sus recursos, es una responsabilidad que interpela a toda sociedad”.
El Papa también mencionó las dificultades que enfrentan quienes viven con discapacidad, padecen enfermedades, pierden su empleo o atraviesan situaciones de pobreza y exclusión.
Sostuvo que ninguna de esas circunstancias disminuye el valor de una vida humana ni justifica el abandono social.
Una reflexión sobre el suicidio y la soledad

En uno de los pasajes de mayor contenido social, León XIV abordó el sufrimiento emocional y la pérdida de esperanza.
Se refirió a las personas que experimentan una soledad profunda, incluso cuando comparten espacios familiares, laborales o comunitarios.
“Ante la dolorosa realidad del suicidio, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables”.
El pontífice planteó que la respuesta frente a estas situaciones requiere la participación conjunta de los servicios de salud, las familias y las comunidades.
También destacó la importancia del acompañamiento a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento.
En un barrio vulnerable de Montevideo, cuestionó la indiferencia ante la pobreza
Durante su visita a Casavalle, un barrio de Montevideo, León XIV caminó por sus calles y mantuvo contacto directo con los vecinos.
Posteriormente, pronunció un discurso en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.
Allí utilizó la parábola bíblica del buen samaritano para reflexionar sobre la violencia, la inseguridad y la indiferencia social.
El pontífice señaló que muchas personas atraviesan situaciones de sufrimiento sin encontrar respuestas adecuadas de su entorno.
“No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver”.

También hizo referencia a las madres que carecen de recursos suficientes para alimentar a sus hijos.
En su intervención recordó al Padre Cacho, reconocido por su trabajo social en los barrios vulnerables de Montevideo.
La Iglesia católica lo considera siervo de Dios, una de las etapas del proceso que puede conducir a la canonización.
Democracia, soberanía popular y responsabilidad de los gobernantes
Durante su encuentro con las autoridades uruguayas, León XIV destacó la trayectoria democrática del país.
Recordó que en 2025 se cumplieron cuarenta años de democracia ininterrumpida y valoró la sucesión de gobiernos elegidos por los ciudadanos.
Para desarrollar su reflexión, recuperó una frase pronunciada por José Gervasio Artigas en 1813:
“Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”.
El Papa utilizó esa referencia histórica para señalar que la legitimidad de los gobernantes surge de la comunidad y exige responsabilidad frente a ella.
También defendió el funcionamiento de las instituciones, el respeto al orden jurídico y la participación ciudadana.
El Estado laico y la libertad religiosa
En otro tramo de su discurso, León XIV abordó la relación entre las instituciones públicas y las creencias religiosas.
Reconoció el carácter laico del Estado uruguayo y sostuvo que debe garantizar la convivencia entre creyentes y no creyentes.
Al mismo tiempo, defendió el derecho de las comunidades religiosas a participar en la vida pública, respetando la autonomía de las instituciones civiles.
“El carácter laico del Estado está llamado a garantizar un espacio en el que creyentes y no creyentes puedan convivir con libertad y respeto”.
El pontífice presentó la libertad de conciencia como una condición necesaria para la convivencia democrática.
Un mensaje contra la guerra y a favor de la integración regional
La preocupación por los conflictos internacionales también estuvo presente en las intervenciones papales.
En la Universidad Católica del Uruguay, León XIV cuestionó la capacidad destructiva de las sociedades contemporáneas y señaló que las manos humanas también son responsables de producir guerras.
En contraposición, destacó el papel de la educación en la construcción de una cultura de paz.
Durante su discurso ante las autoridades, recordó que la Constitución uruguaya promueve la resolución pacífica de controversias internacionales.
También mencionó la importancia de la integración latinoamericana y el papel de Montevideo como sede de la Secretaría del Mercosur.
En ese contexto, defendió la negociación, el respeto al derecho y la búsqueda de acuerdos como herramientas para resolver los conflictos entre países.
Defensa de la vida, la familia y la educación
León XIV también desarrolló posiciones vinculadas con la doctrina social y moral de la Iglesia católica.
En su discurso ante las autoridades uruguayas, defendió la protección de la vida desde su etapa prenatal.
Sostuvo que esa protección debe estar acompañada por condiciones sociales que permitan a las familias criar y cuidar a sus hijos.
El Papa señaló que las responsabilidades de la maternidad y la paternidad deben contar con el acompañamiento familiar y comunitario.
Asimismo, destacó el papel de la educación como herramienta para desarrollar capacidades, adquirir autonomía y acceder al mundo laboral.
Durante una vigilia de oración celebrada en el Estadio Centenario de Montevideo, también se dirigió especialmente a los jóvenes.
Allí los alentó a asumir compromisos duraderos, formar familias y tener hijos.
Paysandú: el mate como símbolo de encuentro y solidaridad
La agenda religiosa incluyó una misa en el parque París Londres de Paysandú, donde León XIV rindió homenaje al beato Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo.
El pontífice recordó su trayectoria pastoral y su asistencia a personas afectadas por las guerras civiles del siglo XIX.
Durante la homilía, utilizó tres elementos característicos de la región para desarrollar su mensaje: los puentes, los palmares y el mate.
Sobre esta última tradición, afirmó:
“El mate es signo de familiaridad, de amistad y de encuentro. Nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan”.
La referencia provocó aplausos y risas entre los asistentes.
El Papa también destacó la necesidad de construir puentes sólidos entre las personas y las comunidades.
Tras finalizar la celebración, saludó a los fieles reunidos frente a la basílica de Paysandú.
Una multitud en el Estadio Centenario y el próximo destino: Argentina
La jornada incluyó una vigilia de oración en el Estadio Centenario, donde, según los textos de referencia, se congregaron alrededor de 60.000 personas.
El arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, recibió al pontífice con una expresión vinculada al fútbol: “Tener al Papa entre nosotros es un golazo”.
Durante su intervención, León XIV manifestó preocupación por la disminución de la transmisión de la fe entre generaciones.
También señaló que la indiferencia religiosa representa uno de los principales desafíos para la Iglesia.
El pontífice cerró una jornada que combinó celebraciones religiosas, encuentros institucionales y visitas a comunidades vulnerables.
Según la agenda consignada en los materiales, su siguiente destino será Argentina, antes de continuar hacia Perú. La gira sudamericana está prevista hasta el 17 de noviembre.
Una agenda social que trasciende las celebraciones religiosas
Los mensajes pronunciados por León XIV en Uruguay muestran una agenda que combina las posiciones doctrinales de la Iglesia con preocupaciones económicas y sociales.
La distribución de la riqueza, la protección del empleo, el acceso a la salud y las consecuencias de la inteligencia artificial aparecieron como temas recurrentes.
Al mismo tiempo, el pontífice defendió la vida, la familia, la libertad religiosa y la participación de las comunidades en los asuntos públicos.
Sus intervenciones plantearon un criterio común: el desarrollo económico y tecnológico debe estar subordinado a la dignidad humana.
Ese enfoque constituye uno de los principales ejes de su mensaje antes de continuar su gira por Argentina y Perú.

